
Un Adiós al «Sabio de la Tribu»: El Legado Inicia su Eternidad
La noche del sábado 24 de mayo de 2025, o en las primeras horas del domingo 25, el pensamiento chileno perdió a una de sus figuras más lúcidas y polifacéticas con el fallecimiento de Luis Gastón Soublette Asmussen. A la edad de 98 años, en su serena residencia en la localidad de Limache, culminó la travesía terrenal de quien fuera reconocido filósofo, musicólogo y esteta, dejando un vacío inmenso en el panorama cultural y académico del país. La noticia, que conmovió profundamente a la comunidad intelectual, fue confirmada por su sobrino y ahijado, Juan Gabriel Valdés, actual embajador de Chile en Estados Unidos, a través de un mensaje que reflejaba tanto el dolor personal como la conciencia de la pérdida nacional. La confirmación por una figura diplomática de tan alto perfil no solo validó la información de manera inmediata, sino que también subrayó la estatura y el profundo respeto que Soublette comandaba en diversas esferas de la sociedad chilena, trascendiendo los círculos puramente académicos.
Con la partida de Gastón Soublette, Chile despide a un pensador independiente y original, cuya obra se caracterizó por articular una visión profunda y crítica del país, nutriéndose de la riqueza de la cultura popular, la hondura del simbolismo y una filosofía arraigada en una espiritualidad dialogante y abierta. Apodado con cariño y respeto como el «sabio de la tribu», especialmente en los años posteriores a 2019, Soublette se erigió como un faro de sabiduría en tiempos de convulsión e introspección nacional. Este apelativo, lejos de ser una mera etiqueta, refleja una conexión genuina con un sentir popular y una necesidad social de figuras que ofrecieran orientación y lucidez más allá de los discursos convencionales. El término «sabio» lo distingue de un mero intelectual, mientras que la referencia a «la tribu» evoca una comunidad en búsqueda de sus raíces y de un conocimiento esencial, particularmente resonante en un Chile que ha atravesado profundos cuestionamientos identitarios. Su creciente notoriedad en el contexto del estallido social de 2019 no fue una casualidad; en momentos de crisis, la sociedad chilena encontró en su voz una perspectiva que trascendía el análisis político coyuntural, ofreciendo reflexiones de mayor calado sobre el ser y el destino del país.
1. Gastón Soublette: Semblanza de un Humanista Polifacético
1.1. Orígenes y Formación Pluridisciplinar: De Antofagasta a París y el Despertar de una Conciencia Crítica
Nacido en Antofagasta el 29 de enero de 1927, Luis Gastón Soublette Amussen inició un camino vital que lo llevaría a convertirse en una de las voces más singulares y respetadas del pensamiento chileno. Su formación inicial transcurrió en el Colegio de los Sagrados Corazones de Viña del Mar. Posteriormente, su espíritu inquieto lo condujo por diversas sendas académicas: cursó estudios de Derecho en la Universidad de Chile, en su sede de Valparaíso, y también exploró la Arquitectura en la misma casa de estudios. Sin embargo, sería en Europa donde su vocación encontraría un cauce definitorio. En París, se sumergió en el estudio de la Música y la Musicología en el prestigioso Conservatorio Nacional Superior, bajo la tutela de figuras eminentes como Nadia Boulanger y Edmond Marc. Esta formación musical de excelencia sentaría las bases para una de sus facetas más reconocidas. La multidisciplinariedad que caracterizó sus años formativos no debe interpretarse como una dispersión de intereses, sino como la construcción de un cimiento sólido para su posterior capacidad de integrar saberes diversos en una visión holística del ser humano y la cultura. El rigor lógico del Derecho, la comprensión del espacio y la forma inherente a la Arquitectura, y la sensibilidad estética y el entendimiento de la expresión cultural que proporciona la Música, convergieron para cultivar una mente capaz de trazar conexiones profundas entre campos aparentemente dispares.
Su biografía también se entrelaza con la historia de figuras notables; era tataranieto del general Carlos Soublette, quien fuera presidente de Venezuela en dos periodos durante el siglo XIX y cuya familia, desterrada a Chile, llegó al país en compañía del ilustre Andrés Bello. Este linaje familiar pudo haberle inculcado un temprano sentido de la historia y una perspectiva latinoamericana que, aunque no siempre explícita, subyace a su profundo interés por la identidad y las raíces culturales chilenas. Durante su estancia en Francia, fue testigo de la efervescencia de la revuelta de mayo de 1968, una experiencia que, si bien lo marcó profundamente, fue observada con una distancia crítica hacia sus líderes. Esta postura ante un evento de tamaña convulsión ideológica sugiere una temprana independencia de pensamiento y una capacidad para el análisis desapasionado, rasgos que definirían su trayectoria intelectual y su resistencia a la conformidad, incluso dentro de movimientos contestatarios.
1.2. Una Vida Coherente: Austeridad, Compromiso Social y Fe Cristiana en Diálogo
La figura de Gastón Soublette no solo se define por su erudición, sino también por una notable coherencia entre su pensamiento y su forma de vida. En sus últimos años, residió en Limache, llevando una existencia austera y sencilla, alejada del bullicio de los centros urbanos y de las herramientas tecnológicas que para muchos se han vuelto indispensables; prefería el ritmo pausado de su máquina de escribir al vértigo del computador. Esta elección no era una mera excentricidad, sino una manifestación práctica de su crítica a la sociedad de consumo, al materialismo y a las formas de vida que, según su análisis, alienan al ser humano y lo desconectan de su esencia. Su modo de vida puede interpretarse como una forma de vita contemplativa, en deliberado contraste con la «sociedad del rendimiento» que cuestionaba.
Su pensamiento estuvo profundamente anclado en una fe cristiana, que él mismo describía como una filosofía. Este cristianismo vital coexistía armónicamente con una clara postura de izquierda y un agudo sentido crítico frente a las injusticias y desigualdades sociales. Un ejemplo elocuente de su compromiso y su crítica al sistema fue su comentario público, en noviembre de 2019, sobre la insuficiencia de su pensión a los 92 años, habiendo dedicado su vida a la educación de la juventud chilena. Esta declaración, en pleno estallido social, resonó con fuerza, evidenciando su conexión con las problemáticas del Chile profundo. La compleja relación entre su fe, su pensamiento de izquierda y su explícito rechazo al marxismo –»Yo no puedo ser marxista por ser cristiano»– revela una búsqueda personal de un humanismo trascendente que desbordaba las categorías ideológicas convencionales del siglo XX. Su cristianismo parece haber sido el fundamento ético que nutrió su crítica social y su opción por los desfavorecidos, al tiempo que le proveyó un marco trascendente que otras ideologías seculares, a su juicio, no ofrecían o contradecían.
Es también relevante mencionar, como parte de una honesta semblanza de su evolución intelectual, su breve simpatía juvenil por el nacionalsocialismo, una postura que abandonó categóricamente tras conocer la magnitud y el horror del Holocausto. Esta experiencia temprana con una ideología totalitaria, y su posterior y público reconocimiento del error, no solo demuestra una notable honestidad intelectual y moral, sino que pudo haber fortalecido su escepticismo hacia cualquier sistema que pretendiera ofrecer respuestas absolutas, así como su profunda valoración de la conciencia individual. Esta vivencia, aunque dolorosa, pudo haber sido un catalizador en su búsqueda de verdades más universales y perdurables.
2. El Crisol del Pensamiento Soubletteano: Convergencia de Saberes y Crítica Profunda
2.1. Fundamentos Filosóficos: Humanismo, Espiritualidad Oriental y Raíces Populares Chilenas
El pensamiento de Gastón Soublette se caracteriza por una singular convergencia de saberes, donde el humanismo cristiano dialoga fructíferamente con la espiritualidad oriental y se enraíza profundamente en la sabiduría popular y ancestral chilena. Su humanismo, que resuena con el de figuras como Humberto Maturana, apela a valores universales como la solidaridad, el respeto por el otro y la dignidad intrínseca del ser humano. Una de las vertientes más distintivas de su obra es su profundo interés y estudio de la filosofía oriental, en particular el taoísmo y el confucianismo. Soublette no solo divulgó estas tradiciones en Chile, sino que también exploró con agudeza sus posibles paralelos y resonancias con el pensamiento evangélico y la mística cristiana. Esta aparente diversidad de intereses –cristianismo, taoísmo, confucianismo, sabiduría mapuche, folclor chileno– no debe entenderse como una dispersión ecléctica, sino como una búsqueda coherente de una suerte de «sabiduría perenne», de principios universales del buen vivir que él encontraba manifestados de diversas formas en distintas culturas y épocas.
Un pilar fundamental de su cosmovisión fue su dedicación al estudio, la valoración y la divulgación de la cultura y la sabiduría del pueblo mapuche. Para Soublette, los mapuches no eran solo un pueblo originario con una rica herencia cultural, sino portadores de una profunda sabiduría ancestral, defensores de una conexión armónica con la naturaleza, a la que él se refería como el «paraíso». Su involucramiento con el mundo mapuche trascendió lo meramente académico, convirtiéndose en una relación vivencial y transformadora, hasta el punto de ser reconocido como un peñi (hermano) por miembros de la comunidad. Esta inmersión en una cosmovisión no occidental, que valora el kimun (sabiduría) y el rakiduam (pensamiento) y la sacralidad de la naturaleza, le ofreció un contrapunto poderoso frente al «utilitarismo norteamericano» que, según él, dominaba la sociedad chilena contemporánea. Esta experiencia vital fue, con toda probabilidad, tan formativa para su pensamiento crítico como sus estudios en los centros académicos europeos.
Asimismo, Gastón Soublette fue un incansable rescatador de la sabiduría popular chilena y de las tradiciones orales. Su valoración de la «sabiduría popular anónima» y de expresiones como los refranes y los cuentos populares constituye una postura epistemológica y, en cierto sentido, política. Con ello, desafiaba las jerarquías académicas que a menudo menosprecian el conocimiento no formalizado y reivindicaba la importancia de las culturas subalternas en la conformación de la identidad nacional y como depositarias de un profundo «sentido común» a menudo olvidado por el «hombre contemporáneo desconectado».
2.2. Obras Capitales: Hitos de un Itinerario Intelectual Fecundo
La vasta producción intelectual de Gastón Soublette se materializó en una serie de obras que hoy se consideran hitos del pensamiento chileno contemporáneo. Estos libros, lejos de ser estudios dispares, conforman un corpus interconectado por una preocupación central: la búsqueda del «sentido» en un mundo que parece haberlo extraviado, y la recuperación de la «sabiduría» como guía esencial para la vida. Entre sus trabajos más influyentes se encuentra «La Estrella de Chile», publicado originalmente en 1984. En este profundo análisis, Soublette desentraña el simbolismo de los emblemas patrios, particularmente la bandera, explorando sus raíces históricas y culturales, y argumentando sobre la presencia de la cosmovisión mapuche –la wuñelfe o estrella de Arauco– y la proporción áurea en el diseño de la bandera de la Jura de la Independencia. Su metodología en esta obra, como en otras, implica una hermenéutica simbólica que va más allá de las interpretaciones literales o puramente racionalistas, buscando el «sentido oculto» o el «simbolismo secreto» de las manifestaciones culturales.
Otro texto fundamental es «El Cristo preexistente», editado en 2016, donde Soublette emprende un fascinante diálogo entre el Evangelio de Jesucristo y la sabiduría oriental, especialmente el taoísmo y el confucianismo. Argumenta que el modelo de «hombre justo» propuesto por Jesús encuentra sorprendentes paralelos en los ideales humanos perfilados por Lao Tse y Confucio, sugiriendo una intuición universal de la figura crística. Su traducción comentada del «Tao Te King» de Lao Tse es también una pieza clave para comprender su inmersión en el pensamiento chino y su esfuerzo por hacerlo accesible al público hispanohablante.
Más recientemente, y en respuesta directa a la crisis social y sanitaria que sacudió a Chile y al mundo, publicó «Manifiesto. Peligros y oportunidades de la megacrisis» en 2020. Este ensayo, surgido a sus 93 años, demuestra su incólume vitalidad intelectual y su compromiso con los dilemas de su tiempo. En él, diagnostica la crisis contemporánea no como un fenómeno meramente económico o político, sino como una «megacrisis» de la civilización industrial cuyas raíces se encuentran en el «tipo humano» que esta ha generado.
La amplitud de sus intereses se refleja también en obras como «Sabiduría chilena de tradición oral (refranes)», donde recopila y analiza la riqueza filosófica contenida en el saber popular; «Anales de primavera y otoño», una incursión en la historia y el mito de la China antigua; «El I Ching y la sabiduría prehistórica», donde interpreta el célebre oráculo chino, siendo el primer comentario de este clásico confuciano publicado en Chile e influenciado por los trabajos de Lola Hoffmann y Carl Jung sobre la sincronicidad; y estudios sobre la «cara oculta del cine» y la música de Gustav Mahler, que evidencian su aguda sensibilidad estética y su capacidad para desentrañar los significados profundos en diversas manifestaciones artísticas.
2.3. La Mirada Crítica sobre la Modernidad y la Defensa de la Naturaleza
Una constante en el pensamiento de Gastón Soublette fue su mirada crítica hacia la sociedad moderna y sus consecuencias. Cuestionó agudamente el materialismo, el consumismo desenfrenado, la lógica utilitarista y la consecuente pérdida de valores espirituales y del sentido de trascendencia que, a su juicio, caracterizan a la civilización contemporánea. En su obra «Manifiesto», Soublette identifica la raíz de esta «megacrisis» en el propio «tipo humano» que la modernidad ha configurado: un ser predominantemente volcado hacia el exterior, orientado al rendimiento y al consumo, y progresivamente desconectado de su interioridad, de la comunidad, de la naturaleza y de una dimensión sagrada de la existencia. Esta tesis es central: la crisis no es meramente sistémica o estructural, sino fundamentalmente antropológica.
Su preocupación por la ecología fue temprana y pionera, anticipándose en décadas a muchos debates actuales. Para Soublette, la crisis ambiental no era un problema técnico o meramente político, sino la manifestación de un profundo colapso espiritual. Denunció la destrucción de la naturaleza como un síntoma de la «pérdida del alma» de la humanidad moderna y abogó por un cambio radical en nuestra relación con el planeta, insistiendo en que «la tierra no es un recurso, es un ser». Esta perspectiva, que resuena con la cosmovisión mapuche y otras sabidurías ancestrales, lo diferencia de enfoques puramente científicos o economicistas sobre la crisis ecológica. Su llamado a una «conversión cultural» es, en este sentido, un llamado a una profunda reconversión espiritual, a un despertar de la conciencia para restablecer una relación armónica y respetuosa con el mundo natural. La «megacrisis» que diagnostica, aunque analizada desde la experiencia chilena –particularmente el estallido social de 2019–, es vista como un fenómeno global, lo que le permite conectar lo local con lo universal y proponer que las sabidurías arraigadas en contextos particulares pueden ofrecer claves para enfrentar los desafíos que aquejan a la humanidad en su conjunto.
3. La Musicología como Expresión del Alma y Rescate Patrimonial
3.1. El Investigador y Compositor: Sonidos de la Identidad Chilena
La musicología fue para Gastón Soublette mucho más que una disciplina académica; fue un camino para explorar y expresar el «alma de Chile». Su trayectoria en este campo es vasta y significativa, comenzando con su rol como profesor e investigador en el Instituto de Investigaciones Musicales de la Universidad de Chile entre 1957 y 1965. Durante este período, se dedicó con ahínco al estudio y la documentación del folclor musical nacional, contribuyendo de manera fundamental a la preservación del patrimonio sonoro del país. Su labor no se limitó a la investigación; también incursionó en la composición y el arreglo. Un ejemplo notable es el álbum «Chile en cuatro cuerdas», una obra que evidencia su maestría al fusionar la música folclórica recopilada, en parte por Violeta Parra, con refinados arreglos para cuarteto de cuerdas. Este trabajo es representativo de su esfuerzo por tender puentes entre la cultura popular y la tradición musical «docta», reflejando su visión integradora y su rechazo a las jerarquías culturales rígidas. Al llevar el folclor a un formato de música de cámara, Soublette no solo lo embellecía, sino que lo legitimaba y lo ponía en diálogo con la gran tradición musical occidental, reconociendo su intrínseca riqueza melódica y estructural.
Su compromiso con la música chilena se extendió hasta la generosa donación de sus partituras, así como las de su hermana, la también destacada compositora y cantante Sylvia Soublette, al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional. Este acto asegura que su legado musical, y el de su familia, permanezca accesible para futuras generaciones de intérpretes e investigadores, perpetuando así los sonidos de la identidad chilena que tanto se esforzó por comprender y difundir.
3.2. Colaboraciones Trascendentales: Violeta Parra y el Legado del Canto Popular
Dentro de su multifacética trayectoria musicológica, la colaboración de Gastón Soublette con Violeta Parra ocupa un lugar central y reviste una importancia trascendental. Soublette consideraba a Parra una de sus grandes maestras, y su encuentro marcó un punto de inflexión no solo profesional sino existencial en su vida. Fue fundamental su rol en la transcripción a partitura de las innumerables melodías que Violeta Parra había recopilado en sus extensos viajes por el campo chileno, una labor realizada en el marco de su trabajo para la Universidad de Chile. Dado que Parra no escribía música en notación convencional, sino que guardaba ese vasto tesoro melódico «en la memoria», la pericia musicológica de Soublette fue instrumental para asegurar que este legado no se perdiera y pudiera ser estudiado, interpretado y difundido. Esta labor de transcripción fue crucial para la posterior publicación del libro «Cantos Folklóricos Chilenos», una obra de referencia en el estudio del folclor nacional.
La relación entre ambos estuvo teñida por la fuerte personalidad de Parra. Es célebre la anécdota en que Violeta, con su característica franqueza, lo increpó diciéndole «Usted es un pituco de mierda» y «Nunca va a entender a su pueblo». Lejos de amilanarlo, este duro emplazamiento actuó como un poderoso catalizador, impulsando a Soublette a una inmersión profunda y vivencial en la cultura popular chilena, un conocimiento que complementó y transformó su erudición académica de raigambre europea. Él mismo reconoció que este desafío lo llevó a «conocer a mi pueblo», una experiencia que incluyó sinsabores pero que fue fundamental para el desarrollo de su pensamiento original y su compromiso con las raíces culturales de Chile.
Además de su crucial vínculo con Violeta Parra, Gastón Soublette colaboró estrechamente con otras figuras señeras del folclor chileno, como Margot Loyola, Héctor Pavez y Gabriela Pizarro. Estas interacciones enriquecieron su comprensión de la música y la cultura popular, y consolidaron su rol como un puente entre la academia y las expresiones vivas de la tradición chilena.
4. El Reconocimiento Tardío pero Contundente: Premios a una Vida de Sabiduría
La extensa y profunda trayectoria de Gastón Soublette, dedicada al estudio de las humanidades, la filosofía, la estética y la música, así como a la defensa del patrimonio cultural chileno, recibió un significativo, aunque quizás tardío, reconocimiento en los últimos años de su vida. En 2023, a la edad de 96 años, le fue concedido el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. La decisión del jurado, encabezado por el Ministro de Educación e integrado por destacadas figuras académicas, fue unánime. Las razones esgrimidas para este galardón destacaron su condición de «sabio necesario en los tiempos que vivimos», un «hombre de paz» con una «gran sensibilidad para vincular distintas culturas, religiones y cosmovisiones». Este reconocimiento, que había sido precedido por una postulación en 2021, puede interpretarse como una valoración por parte de la institucionalidad académica de un pensador cuya obra, si bien siempre influyente, transitó por cauces a menudo menos convencionales y más críticos que los habitualmente premiados. El contexto social y cultural de Chile en ese momento, marcado por la reflexión post-estallido y la búsqueda de referentes que ofrecieran profundidad y sentido, pudo haber sido particularmente receptivo a su perfil y a la naturaleza de sus contribuciones.
El mismo año 2023, Soublette también fue distinguido con el Premio Nacional de la Paz, otorgado por la Asociación Internacional de Educadores por la Paz Mundial. La concesión casi simultánea de ambos premios es elocuente: refleja que su aporte no fue percibido únicamente en términos intelectuales o académicos, sino también éticos, como una contribución fundamental a la convivencia, al entendimiento profundo y a la promoción de una cultura de paz en una sociedad que ha experimentado fuertes fracturas. Su capacidad para «vincular distintas culturas, religiones y cosmovisiones» fue vista no solo como una muestra de erudición, sino como una herramienta vital para la sanación y el diálogo. Otros reconocimientos importantes incluyen el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad de Playa Ancha en noviembre de 2024, en una emotiva ceremonia donde se destacó su humildad y su impacto en generaciones de estudiantes, quienes siempre vieron en él a un verdadero maestro.
Consideraciones Finales: La Huella Imborrable de Gastón Soublette en el Pensamiento Chileno
La partida de Gastón Soublette cierra un capítulo fundamental en la historia intelectual y cultural de Chile, pero su legado, transversal, poético y profundamente transformador, inicia su tránsito hacia la eternidad. Más que un académico convencional, Soublette fue un «sabio de la tribu», un guía que supo interpretar las corrientes subterráneas del alma chilena y universal, defendiendo con lucidez y una mirada a menudo vanguardista la riqueza de la cultura popular, la sacralidad de la naturaleza y la imperiosa necesidad de una vida espiritual auténtica. Su tarea, como él mismo la entendía, no consistió en la mera acumulación de conceptos abstractos, sino en el cultivo de la conciencia, en un llamado constante a «despertar» de los letargos que impone una modernidad alienante.
La huella de Soublette reside no solo en su extensa bibliografía o en sus valiosas contribuciones musicológicas, sino, de manera fundamental, en el ejemplo de una vida vivida con una profunda coherencia entre el pensar, el sentir y el actuar. Esta integridad lo convirtió en un «maestro» en el sentido más clásico y noble del término: alguien que enseña no solo con la palabra erudita, sino con la forma misma de ser y estar en el mundo, con una austeridad que era en sí misma una crítica al consumismo y una invitación a valorar lo esencial. Su insistencia en la búsqueda de una «vida más honda, más verdadera» lo sitúa en la venerable tradición de los pensadores sapienciales, para quienes la filosofía no es un ejercicio intelectual desencarnado, sino un arte de vivir, un camino de transformación personal y cultural.
Al tender puentes entre el cristianismo y la sabiduría oriental, entre el pensamiento académico y el saber popular, entre la cosmología mapuche y los desafíos de la sociedad contemporánea, Gastón Soublette ofreció un modelo de pensamiento dialógico e intercultural de enorme relevancia. En un Chile que continúa debatiendo sobre su identidad y su plurinacionalidad, y en un mundo globalizado que enfrenta crecientes tensiones culturales y una profunda crisis de sentido, su enfoque basado en el respeto, la escucha y la búsqueda de convergencias en la diversidad se erige como una fuente de inspiración y una luz de esperanza. Su obra y su ejemplo perduran como un llamado a construir un mundo más humano, más consciente y más armónico con el misterio de la vida.




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